Whiplash Team. Noviembre 2018.

En el mundo hiperconectado de hoy, usuarios, accionistas y trabajadores disponen de toda la información que requieren a un solo clic y son mucho más conscientes del impacto que el quehacer empresarial tiene sobre nuestro planeta. Se impone el consumo responsable, mientras crece la conciencia de que las organizaciones o toman parte activa en el reto de la sostenibilidad, o desaparecen.

Aunque aún quedan voces que pretenden negar los efectos de la contaminación y del cambio climático, usuarios, accionistas y trabajadores –en resumen, los stakeholders de cualquier organización– demandan acción de parte de las empresas.


Quizás uno de los ejemplos más significativos del creciente activismo de los stakeholders, es el llamado movimiento de desinversión, por medio del cual casi mil instituciones han sacado 7,18 billones de dólares de las inversiones intensivas en carbono, mientras a título personal unos 58.000 inversores individuales han retirado de este sector unos 5,2 mil millones de dólares, según datos de la organización Go Fossil Free.


En contraposición, según la fundación estadounidense SIF, el valor de los fondos que cumplen con los criterios ESG (Gobernanza ambiental, social y corporativa, por sus siglas en inglés), ascendió a más de 2,5 billones de dólares a fines de 2016. Por otra parte, las inversiones en compañías comprometidas activamente con el crecimiento responsable y sostenible alcanzaron en Estados Unidos aproximadamente los 8,7 billones de dólares en 2015. Todo esto no ha pasado inadvertido para las organizaciones a escala global, que desde principios del siglo XXI han ido incorporado la figura del Chief Sustainability Officer a los Consejos de Dirección.


En el mundo de hoy, en el que estamos todos conectados, las empresas ya no pueden darse el lujo de ignorar el impacto y la urgencia del cambio climático. Además, la adopción de nuevos y más eficientes sistemas de monitorización y clasificación de las emisiones pondrá en evidencia a aquellas marcas que no actúen en consecuencia, generando una percepción negativa en la opinión pública, creando desapego en los usuarios y aumentando el riesgo de sanciones por parte de los organismos regulatorios.


Para las organizaciones es indispensable tomar conciencia de lo que implica el reto de la sostenibilidad y de que los usuarios en el mundo demandan acciones concretas con relación al cambio climático, la salud del planeta y la sostenibilidad social, económica y medioambiental, exigiendo a las marcas una mayor comprensión y empatía con los problemas que preocupan a la sociedad. Conectar su propósito con las aspiraciones colectivas de la sociedad, respondiendo a las preguntas “¿por qué existe la marca?”, “¿para qué existe?” y “¿por qué debería importarle a alguien?”, empuja a la marca a encontrar una brújula moral inspiradora que le ayude a definir su papel en la sociedad contribuyendo a la construcción de una relación responsable con nuestro planeta.


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