Whiplash Team. Julio 2018.

En las últimas décadas la sostenibilidad ha dejado de ser un tema casi clandestino para convertirse en tendencia. Los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo impulsan a ciudadanos, empresas, organizaciones y gobiernos a asumir el compromiso con un planeta más saludable y sostenible, pero el primer paso es abandonar la cultura de “usar y tirar” adoptando nuevos modelos de producción y consumo menos contaminantes.

La lucha contra los desechos plásticos en Europa suma un nuevo punto: a la medida que entró en vigor en España el pasado 1 de julio y que suprime las bolsas de plástico gratuitas en los comercios se agrega la propuesta de la Comisión Europea para reducir los 10 productos de plástico de un solo uso que se encuentran con más frecuencia en las playas y los mares de Europa. Con esta iniciativa la Comisión pretende prohibir, entre otros, la venta de bastoncillos de algodón y cubiertos, platos y pajitas de plástico, que representan el 70% de los residuos marinos.


La medida, impulsada por el comisario de Medio Ambiente de la Comisión Europea Karmenu Vella, es un paso en positivo hacia un replanteamiento general de nuestra relación con el Planeta. Desde los años 60 del siglo 20 se han producido unos 5.000 millones de toneladas de plástico, y cada segundo más de 200kilos de basura plástica van a parar a los océanos.


En la actualidad el 90% de los pájaros vivos ha ingerido algún tipo de este material. Y para 2050, según un estudio de investigadores australianos, prácticamente todas las aves marinas tendrán plástico en sus estómagos, y los peces están igualmente contaminados. El plástico entra así en nuestra dieta y pone en evidencia que lo que está en riesgo no es el planeta, sino la vida en él. Seres humanos incluidos.


Pero los desechos plásticos son sólo una parte del problema. El compromiso de la sostenibilidad implica modelos de producción y consumo menos contaminantes: energías limpias, materias primas provenientes de recursos renovables, y un consumo responsable que ponga en práctica la regla de las 3R: reducir nuestra huella de contaminación, reciclar para consumir menos materias primas y reutilizar para alargar la vida útil de los productos.


Las organizaciones, lentamente, pero con paso seguro, comienzan a entender que el compromiso con la sostenibilidad debe ser intrínseco a su propósito y son cada vez más aquellas que adoptan modelos de producción sostenibles, como la fabricante belga de productos de limpieza Ecover, por ejemplo, que usa como principales componentes materias primas ecológicas o recuperables dentro de un modelo de producción que intenta consumir la menor energía posible. O la española Garnica, que fabrica tableros de contrachapado, y cuyo modelo de negocio, verticalmente integrado, favorece las plantaciones sostenibles e impulsa el desarrollo de nuevos productos, basados en madera, para atender las necesidades de diversos sectores, como la construcción o la industria del mueble.


El compromiso de la sostenibilidad exige de las marcas un comportamiento ético y responsable que traduzca el propósito empresarial en acciones concretas y ayude, en definitiva, a construir una sociedad más responsable con el uso que le damos a los recursos que nos brinda el planeta. La lucha contra el plástico es sin duda importante, pero es sólo uno de los muchos frentes abiertos en el camino hacia una economía circular que reduzca nuestra huella contaminante y ayude a mejorar la salud de la Tierra.