Equipo Whiplash. Junio 2018.

En el tránsito hacia una economía y una sociedad más sostenibles, la necesidad de preservar y cultivar los recursos renovables del Planeta requiere del compromiso y la acción de todos los actores sociales. Desde el sector empresarial, la puesta en práctica de estrategias para sustituir progresivamente el uso de materiales poco sostenibles por otros derivados de recursos renovables como la madera, es una forma hacer tangible el propósito social y ético de la organización a través de sus productos.

La medida que hará desaparecer las bolsas de plástico gratuitas en España el próximo 1 de julio pone sobre el tapete, una vez más, el debate sobre la relación que tenemos con nuestro Planeta y los escollos que plantea el compromiso de avanzar hacia una sociedad que haga un uso más inteligente de los recursos que brinda la Naturaleza. Para el medio ambiente, el impacto de las bolsas de plástico, cuyo uso medio es de 12 minutos y tardan unos 500 años en degradarse, es devastador. El plástico es, sin duda, uno de los materiales de uso diario que atenta contra nuestra propia supervivencia, pero no el único.


Pese a la entrada en vigor, el 1 de enero de 2016, de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU, los avances hacia una sustitución de materiales no degradables por biodegradables son lentos. Uno de los objetivos primordiales de los 17 que plantea la agenda es la producción y el consumo responsable, y alcanzarlo implica el cultivo y la gestión adecuada de recursos renovables como los forestales, por ejemplo. Sin embrago, al menos en el ámbito de la UE y pese a que la Comisión Europea se ha adherido a los objetivos de la Agenda, no hay aún políticas comunes para el desarrollo de plantaciones sostenibles que puedan garantizar a futuro el suministro de productos forestales o la producción sostenible de combustibles bioenergéticos.


No se trata, ni mucho menos, de prohibir las materias primas fósiles, como el petróleo y sus derivados (el plástico entre ellos), sino de utilizar en la medida de lo posible materias primas renovables de origen biológico. Las energías limpias, como la eólica o la solar, son ejemplos de una alternativa a los combustibles fósiles. En países como España, donde la radiación solar es superior al resto del continente, según datos de la Red Eléctrica, en 2017 sólo 33,7% de la energía producida provino de fuentes renovables (sol, agua, viento, biomasa). En los últimos años, el crecimiento en la generación de energía solar en le UE se ha visto lastrado hasta ahora por impuestos al autoconsumo –en España conocido como el “impuesto al sol”–, pero la reciente medida del Parlamento Europeo que elimina este tipo de imposiciones, es un paso adelante.


En otros sectores, como la construcción, por ejemplo, la madera es una opción eficiente ante el ladrillo o el acero, no sólo como elemento decorativo sino estructural, gracias a la innovación en el desarrollo de nuevos materiales sostenibles. En el caso de la industria, hay alternativas no contaminantes para sustituir el plástico en la fabricación de bolsas y de elementos de packaging, entre otros la tela, el papel, o el cartón, todos ellos derivados de materia prima orgánica.


Los consumidores, al menos en parte, comienzan a ser conscientes de ello y asumen su responsabilidad cambiando sus hábitos de consumo para alinearlos con el propósito común de preservar el planeta: adquieren productos locales para reducir la huella de carbono, usan bolsas de tela o reciclables para la compra, miran si el packaging está hecho con productos reciclados, por citar ejemplos cotidianos. La cultura de “usar y tirar” va remitiendo lentamente, dando paso a una vuelta a prácticas y hábitos más amables con el entorno.


En la actualidad, el afianzamiento de nuevos paradigmas sociales como el consumo responsable, que vigila y exige de las marcas un comportamiento ético con las personas y el Planeta, obliga a las empresas a incorporar en su ADN la responsabilidad social y medioambiental. Trasladarlo de manera operativa a sus estrategias de diseño, producción e innovación en productos y materiales, adecuándolas a una sociedad más sostenible y, en el camino, reforzando la reputación de la marca, es tarea de la alta dirección de las organizaciones a escala global que deben asumir como propio el compromiso con la sostenibilidad.