Equipo Whiplash. Junio 2018.

En dos semanas, el 1 de julio, las bolsas de plástico dejarán de ser gratuitas en España. La medida responde a la creciente preocupación, no sólo en la Unión Europea, sino en todo el mundo, por el excesivo uso de ese material y su impacto en el medio ambiente. Sin embargo, la necesidad de replantear nuestra relación con el planeta para crear una sociedad más sostenible y responsable con el uso de los recursos naturales va mucho más allá del plástico. Para ahondar en éste y otros aspectos y retos que plantea El compromiso de la sostenibilidad hoy iniciamos una serie de posts que dedicaremos a este tema.

Las imágenes de peces y tortugas atrapados en desechos plásticos o de islas de bolsas de ese material flotando en el océano son sin duda impactantes. No dejan indiferente a nadie. Se comentan, se comparten, se les da un “Me gusta” en redes sociales. Sin embargo, el consumo de bolsas de plástico sólo se ha visto reducido en aquellos países que han introducido medidas para restringir su uso, como Francia, Países Bajos o Marruecos.


En España, entre 2007 y 2014 el consumo de bolsas de plástico se redujo a un 50%. La sustitución por bolsas reutilizables, el pago por parte de los consumidores en muchos establecimientos y la puesta en marcha de distintas campañas de sensibilización hicieron posible esta considerable reducción. En la actualidad en España cada habitante utiliza unas 180 bolsas de plástico al año, cantidad considerablemente alta, que ha llevado a que su consumo sea regulado por ley por lo que la bolsa de plástico gratuita desaparecerá a partir del próximo 1 de julio.


Ante el problema del plástico, hasta ahora los estados miembros de la Unión Europea habían actuado de manera independiente. Con la creación de la Directiva de bolsas de plástico de la UE se pretende que todos los gobiernos nacionales se comprometan a que para finales de 2019 no se consuman más de 90 bolsas livianas por persona y por año, y para 2025, 40 bolsas.


Pero una economía verdaderamente “verde”, saludable y sostenible en el tiempo, implica entre otras decisiones, la de sustituir productos derivados de recursos no renovables por otros provenientes de recursos renovables, como los forestales, por ejemplo. Otro tema en el que, hasta ahora, no existe una política común para todos los estados miembros de la UE.


En el caso del plástico, existen alternativas como el almidón de patata o el papel para sustituir el petróleo con el que se fabrican las bolsas. El sector de la construcción demanda cada vez más productos derivados de maderas de plantaciones sostenibles para diversos proyectos.


En este sentido el sector empresarial tiene la oportunidad de demostrar su compromiso y liderar el camino hacia un planeta más sostenible innovando no sólo en tecnología de materiales, sino en el diseño de los productos y los modos de producción, centrándose en las personas, en el uso de aquello que producen y en su posterior reciclaje.